Se ha ganado su dinero y puede hacer con él lo que quiera.
Eso no es cierto. Mucha gente repite estas palabras como si fueran una verdad que todos deberíamos aceptar pero la realidad es que, a día de hoy, el dinero tiene un control y unos límites. Hay discrepancias sobre estos conceptos, pero muchas personas entienden que si quieres contratar a un trabajador debes cotizar; no vale decir que es tu dinero y se lo das todo a él. Si quieres comprar, debes pagar impuestos. Si quieres comprar drogas ilegales... no puedes. Si quieres contratar a un asesino para matar al vecino escandaloso... bueno, aunque tengas el dinero, no, no puedes hacerlo. O dicho de otra forma, seguramente puedas pero si te pillan podrías meterte en un buen lío, pues son actitudes con un amplio rechazo generalizado, unas más que otras.
Además, éste es uno de los argumentos que leo más veces cuando se habla de los ricos y, en mi opinión, uno de los más peligrosos. De hecho, considero que este argumento está, actualmente, matando a unas 25.000 personas por día, según algunas fuentes. ¿Cómo? Tan sencillo como esto: en el mundo hay comida y dinero suficiente para alimentar a todas las personas; sin embargo, mueren por hambre unas 25.000 personas al día. ¿Por qué? Porque dinero hay, pero no lo tienen ellos. Sé que no es agradable aceptar ser responsable de la muerte de 25.000 personas diarias, a menos que se sea un completo desalmado, pero es precisamente la elusión de esta responsabilidad la que provoca esta situación.
Tengo una teoría sencilla que simplifica tanto la economía, que no sé si le causaría dolores de cabeza a los doctorados, pero me parece una buena forma de explicar un concepto sencillo. Si dejamos que cada uno haga lo que quiera con su dinero, éste pasará, inevitablemente, por dos tipos de manos: las manos generosas y las manos egoístas. Mientras que las manos generosas permitirán que el dinero siga circulando hacia otras manos, las egoístas harán acopio en sus arcas y procurarán usar únicamente el dinero que necesiten para conseguir más. Si dejamos que esto suceda por un tiempo, eventualmente algunas personas habrán reunido tanto dinero que no habrá para todos, pero si han hecho bien porque cada uno puede hacer lo que quiera con su dinero, entonces estaremos aceptando que el mundo está bien y es bueno que la gente que no tuvo acceso al dinero, muera.
En resumen, el derecho de las personas para manejar el dinero no puede estar por encima del derecho a la vida. Si las personas no son capaces de convivir de manera que todos podamos, al menos, vivir, entonces los ciudadanos tenemos el deber de reforzar estas ideas y exigirles a los gobiernos mayor presión sobre quienes acumulan riqueza.
Un rincón para filosofar
lunes, 16 de julio de 2012
domingo, 15 de julio de 2012
Los ejércitos
Los ejércitos matan y matar es violento. Estoy a favor de la vida y en contra de la violencia, así que estoy en contra del ejército.
Éste es un fuerte argumento para estar en contra de los ejércitos, pero para comprender con mayor profundidad si estamos en contra de los ejécitos o no, hace falta considerar también argumentos a favor de los mismos.
Uno de los planteamientos necesarios para considerar la necesidad de un ejército es ser realista. Evidentemente, si todos fuéramos maravillosamente amorosos, carentes de odio, rencor o ira, y fuéramos completamente respetuosos con los demás, podríamos sostener que los ejércitos son innecesarios. Sin embargo, ¿lo somos? Y no sólo nosotros, ¿lo son los demás?
Imagino que todos estaremos de acuerdo en que en el mundo hay muchas personas capaces de experimentar odio, ira, rabia, codicia... Incluso nosotros mismos. Aunque podamos pensar que estos sentimientos no nos llevarían, bajo ninguna circunstancia, a matar a otras personas, ¿ocurre lo mismo con los demás? Un simple vistazo a la historia debería bastarnos para comprender que no, que hay mucha gente capaz de matar, por diferentes motivos. En ocasiones ha sido la codicia, por la búsqueda de tierras y riqueza, por la religión, al considerar a otras personas herejes, por la supremacía de una raza... motivos no han faltado para que miles de personas expusieran su vida tratando de arrebatársela a otros, incluso personas que en un principio no consideraron llegar a ese punto. Los sentimientos se extienden e invaden corazones ajenos.
Con estas consideraciones, ¿qué pensaríamos si alguien tratara de matarnos? ¿Aceptaríamos dicha fatalidad con tal de no cometer acciones violentas o trataríamos de defender nuesta vida aún a costa de poder llega a matar al agresor, en caso de no contemplar otra opción? Está en la naturaleza de supervivencia el anteponer nuestra propia vida a la de otro. Pero además, ¿y si no fuera mi vida, sino la de un ser querido, la que estuviera amenazada? ¿No desearíamos tener la capacidad de socorrerle y tener los medios para salvar su vida? ¿Y qué ocurriría si un grupo muy numeroso de personas vinieran con la determinación de matarnos (por el motivo que fuera, como el quedarse con nuestras tierras o acabar con nuestra 'falsa' concepción de dios) y no tuviéramos forma de resolver esta situación salvando nuestras vidas? ¿No sería agradable que alguien sí pudiera acudir en nuestro auxilio y ayudarnos a sobrevivir? Y ese alguien es el ejército.
¿Qué significa todo este planteamiento? Que el ejército no sólo sirve para cometer la que popularmente se puede considerar la mayor atrocidad, que es quitar la vida, sino que también sirve para aquello por lo que podríamos estar más agradecidos, que es salvar nuestra vida, y es que el ser humano es capaz tanto de hacer el bien como de hacer el mal. Por eso un ejército es una espada de doble filo, capaz de salvar unas vidas a cambio de otras.
También hay que tener en cuenta que el bien y el mal son conceptos que han cambiado a lo largo de la historia y que cambian de una cultura a otra. Esto ocasiona que los ejércitos queden enfrentados considerando, ambos, que aquello por lo que están luchando está bien. Una de las formas de evitar que dos ejécitos se enfrenten, defendiendo ambos una buena causa, es permitiendo que unos representantes intenten, primeramente, llegar a algún acuerdo pacífico. Para ello es importantísimo suprimir la voluntad del ejército y someterla a la del pueblo, y en una forma democrática un ejército debe entender que la voluntad del pueblo está representada por el gobierno, y por ello le deben tanta obediencia, por la seguridad de todos. Si fuéramos más flexibles con este concepto, los ejércitos, cuanto más grandes con mayor probabilidad, con mayor frecuencia discreparían sobre lo que está bien o mal y se enfrentarían en más ocasiones, provocando guerras, muerte, desesperación, dolor, etc.
Por eso el ejército español ha debido mantenerse firme aún cuando el pueblo comenzaba a mostrar su desacuerdo con el gobierno. Sin embargo, es tal el desacuerdo que se está generando que empieza a hacer falta que el ejército se confirme de un lado o de otro, del lado del gobierno que representa a alguna parte de la población, o del lado de la otra parte que reclama otras acciones por parte del gobierno. Ésta es una decisión complicada que no puede tomarse a la ligera, pues podría separar al ejército en dos bandos y provocar una guerra civil.
Éste es un tema complejo. Mis opiniones, en resumen, son:
- El ejército es un arma de doble filo necesaria.
- Para evitar los peligros de un ejército, debemos tener mucho cuidado con a quién le damos las armas y los civiles debemos promulgar valores pacíficos en todos los ámbitos de nuestra vida y con todas las personas.
- El ejército debe estar subordinado a la gente, debe existir por y para el pueblo, para defender a las personas y nunca a los intereses. Para esto de debe vincular su voluntad a la del pueblo, que queda representada por el gobierno, pero deben estar atentos al alzamiento de la voz del pueblo en contra del gobierno.
- Nuestro ejército ha hecho bien aceptando las decisiones del gobierno mientras la ciudadanía discutía estar a favor o en contra. Un ejército no debe presionar nunca a un pueblo declarándose de parte de unas ideas o de otras cuando existe una gran controversia.
- Ahora que cada vez más gente declara que las acciones del gobierno son ilegítimas e injustas, el ejército, como parte de nuestra sociedad, tiene el derecho a posicionarse de un lado o de otro en esta controversia social, siempre que lo hagan desde sus derechos civiles y de forma pacífica, como cualquier otro civil, y no con las armas.
- La revolución debe serguir siendo pacífica. Nadie debe envalentonarse por haber escuchado a AUME declarar que "no (van a) admitir más rebajas ni recortes de su actual situación" y el pueblo puede alegrarse de que el ejército se exprese también contrario a las medidas del gobierno, no porque pueda significar contar con apoyo armado, sino porque significa que el entendimiento de que las acciones del gobierno son injustas y deben remitir cada vez es más generalizado, y eso nos dará fuerza para cambiar la situación pacíficamente.
Éste es un fuerte argumento para estar en contra de los ejércitos, pero para comprender con mayor profundidad si estamos en contra de los ejécitos o no, hace falta considerar también argumentos a favor de los mismos.
Uno de los planteamientos necesarios para considerar la necesidad de un ejército es ser realista. Evidentemente, si todos fuéramos maravillosamente amorosos, carentes de odio, rencor o ira, y fuéramos completamente respetuosos con los demás, podríamos sostener que los ejércitos son innecesarios. Sin embargo, ¿lo somos? Y no sólo nosotros, ¿lo son los demás?
Imagino que todos estaremos de acuerdo en que en el mundo hay muchas personas capaces de experimentar odio, ira, rabia, codicia... Incluso nosotros mismos. Aunque podamos pensar que estos sentimientos no nos llevarían, bajo ninguna circunstancia, a matar a otras personas, ¿ocurre lo mismo con los demás? Un simple vistazo a la historia debería bastarnos para comprender que no, que hay mucha gente capaz de matar, por diferentes motivos. En ocasiones ha sido la codicia, por la búsqueda de tierras y riqueza, por la religión, al considerar a otras personas herejes, por la supremacía de una raza... motivos no han faltado para que miles de personas expusieran su vida tratando de arrebatársela a otros, incluso personas que en un principio no consideraron llegar a ese punto. Los sentimientos se extienden e invaden corazones ajenos.
Con estas consideraciones, ¿qué pensaríamos si alguien tratara de matarnos? ¿Aceptaríamos dicha fatalidad con tal de no cometer acciones violentas o trataríamos de defender nuesta vida aún a costa de poder llega a matar al agresor, en caso de no contemplar otra opción? Está en la naturaleza de supervivencia el anteponer nuestra propia vida a la de otro. Pero además, ¿y si no fuera mi vida, sino la de un ser querido, la que estuviera amenazada? ¿No desearíamos tener la capacidad de socorrerle y tener los medios para salvar su vida? ¿Y qué ocurriría si un grupo muy numeroso de personas vinieran con la determinación de matarnos (por el motivo que fuera, como el quedarse con nuestras tierras o acabar con nuestra 'falsa' concepción de dios) y no tuviéramos forma de resolver esta situación salvando nuestras vidas? ¿No sería agradable que alguien sí pudiera acudir en nuestro auxilio y ayudarnos a sobrevivir? Y ese alguien es el ejército.
¿Qué significa todo este planteamiento? Que el ejército no sólo sirve para cometer la que popularmente se puede considerar la mayor atrocidad, que es quitar la vida, sino que también sirve para aquello por lo que podríamos estar más agradecidos, que es salvar nuestra vida, y es que el ser humano es capaz tanto de hacer el bien como de hacer el mal. Por eso un ejército es una espada de doble filo, capaz de salvar unas vidas a cambio de otras.
También hay que tener en cuenta que el bien y el mal son conceptos que han cambiado a lo largo de la historia y que cambian de una cultura a otra. Esto ocasiona que los ejércitos queden enfrentados considerando, ambos, que aquello por lo que están luchando está bien. Una de las formas de evitar que dos ejécitos se enfrenten, defendiendo ambos una buena causa, es permitiendo que unos representantes intenten, primeramente, llegar a algún acuerdo pacífico. Para ello es importantísimo suprimir la voluntad del ejército y someterla a la del pueblo, y en una forma democrática un ejército debe entender que la voluntad del pueblo está representada por el gobierno, y por ello le deben tanta obediencia, por la seguridad de todos. Si fuéramos más flexibles con este concepto, los ejércitos, cuanto más grandes con mayor probabilidad, con mayor frecuencia discreparían sobre lo que está bien o mal y se enfrentarían en más ocasiones, provocando guerras, muerte, desesperación, dolor, etc.
Por eso el ejército español ha debido mantenerse firme aún cuando el pueblo comenzaba a mostrar su desacuerdo con el gobierno. Sin embargo, es tal el desacuerdo que se está generando que empieza a hacer falta que el ejército se confirme de un lado o de otro, del lado del gobierno que representa a alguna parte de la población, o del lado de la otra parte que reclama otras acciones por parte del gobierno. Ésta es una decisión complicada que no puede tomarse a la ligera, pues podría separar al ejército en dos bandos y provocar una guerra civil.
Éste es un tema complejo. Mis opiniones, en resumen, son:
- El ejército es un arma de doble filo necesaria.
- Para evitar los peligros de un ejército, debemos tener mucho cuidado con a quién le damos las armas y los civiles debemos promulgar valores pacíficos en todos los ámbitos de nuestra vida y con todas las personas.
- El ejército debe estar subordinado a la gente, debe existir por y para el pueblo, para defender a las personas y nunca a los intereses. Para esto de debe vincular su voluntad a la del pueblo, que queda representada por el gobierno, pero deben estar atentos al alzamiento de la voz del pueblo en contra del gobierno.
- Nuestro ejército ha hecho bien aceptando las decisiones del gobierno mientras la ciudadanía discutía estar a favor o en contra. Un ejército no debe presionar nunca a un pueblo declarándose de parte de unas ideas o de otras cuando existe una gran controversia.
- Ahora que cada vez más gente declara que las acciones del gobierno son ilegítimas e injustas, el ejército, como parte de nuestra sociedad, tiene el derecho a posicionarse de un lado o de otro en esta controversia social, siempre que lo hagan desde sus derechos civiles y de forma pacífica, como cualquier otro civil, y no con las armas.
- La revolución debe serguir siendo pacífica. Nadie debe envalentonarse por haber escuchado a AUME declarar que "no (van a) admitir más rebajas ni recortes de su actual situación" y el pueblo puede alegrarse de que el ejército se exprese también contrario a las medidas del gobierno, no porque pueda significar contar con apoyo armado, sino porque significa que el entendimiento de que las acciones del gobierno son injustas y deben remitir cada vez es más generalizado, y eso nos dará fuerza para cambiar la situación pacíficamente.
sábado, 14 de julio de 2012
Rajoy, ¿dimisión?
¿Debe dimitir Rajoy? Me gustaría plantear algunos argumentos al respecto.
- Su gestión está provocando importantes altercados, protestas y manifestaciones, con algunos enfrentamientos por parte de sectores específicos con las fuerzas del orden. Peligra la paz social, hay heridos y, aunque para muchos la violencia todavía no supera unos límites tolerables, lo cierto es que la ira, la rabia y el odio siguen en aumento. Personas con fuertes valores pacíficos comienzan a cuestionarse si la paz puede ser camino para el cambio que requieren. No sabemos hasta dónde llegarán los conflictos, pero allá donde lleguen, si seguimos por este camino, tendrán peores consecunecias que las que tenemos hoy en día.
Si queremos mantener la paz social, comienza a consolidarse como una buena idea su dimisión.
- Sus acciones en el gobierno han contradicho en numerosas ocasiones su propio programa electoral. Éste sería un buen argumento para deslegitimar su gobierno, basándonos en que el programa electoral debe suponer un contrato social con el pueblo, quien elige al partido en función de qué acciones tomará en el gobierno. Sin embargo, en España existe una corriente de pensamiento que justifica cualquier acción que realice el gobierno, aún incluso cuando incumple su programa electoral. Esto se debe precisamente a un completo desinterés por el programa por parte del votante. ¿Cuántas personas votan a un partido sin conocer sus pretensiones en el gobierno? Solamente por ser quienes son, por algún eslogan o una cara bonita en los carteles electorales. Si a una persona no le importa el programa electoral de un partido, ¿cómo le va a importar que hagan justo lo contrario?
Sería interesante someter a referéndum el añadir a la Constitución algún artículo que pueda regular como pacto social el programa electoral de un partido, para comprobar si efectivamente los ciudadanos le damos más importancia al programa electoral que al partido.
- Si dimite Rajoy, ¿qué ocurre con los ministros? Viendo el apoyo que obtiene Rajoy de sus ministros, considero que la posición más razonable de cualquiera que pida la dimisión de Rajoy sería la de pedir la dimisión del gobierno por completo.
Pero si pedimos la dimisión del gobierno, ¿qué pasa después? Si el pueblo no piensa en qué hacer después, lo pensarán los políticos. Si lo hacen estos políticos, seguramente buscarán formas de seguir haciendo lo mismo, en esencia, aún incluso si tienen que ceder parcialmente a la presión del pueblo. Sería más seguro que naciera una nueva iniciativa del pueblo y para el pueblo.
¿Pero qué significa que nazca una iniciativa del pueblo?
Se me ocurren, principalmente, tres opciones. La primera es tomar ejemplo de Islandia, país donde tomaron diferentes decisiones y consiguieron levantar su economía, y someter a referéndum la aceptación de la deuda y/o una reforma constitucional, para tratar de impedir que las prácticas que nos llevaron a esta situación actual puedan repetirse.
La segunda es formar un nuevo partido político que recoja los valores y acciones que demanda el pueblo, de manera que se pueda ofrecer una alternativa política a aquellos que consideran que los problemas pueden solucionarse de otra manera, como recortando en lujos y excesos en lugar de sanidad y educación. Un ejemplo podría ser Torrelodones, pero en este caso estaríamos hablando de un partido para el gobierno central. Esta segunda opción es compatible con la primera, pudiendo ocurrir ambas o sólo una de ellas.
La tercera opción sería renunciar por completo al gobierno. Pedir su dimisión y desmantelación, dejar de contar con dicha institución y limitarnos a los gobiernos regionales y locales. Sin embargo, los gobiernos regionales y locales apoyan en gran medida las acciones realizadas por el gobierno, por lo que dejarlos intactos podría ser un error, si la dimisión del gobierno se pretende para lograr un cambio significativo. También haría falta desmantelar los gobiernos regionales y locales.
Personalmente opino que España no es un país preparado para aceptar la tercera opción, y que la que podría tener mayor probabilidad de éxito sería la segunda. También veo interesante replantear la deuda y si la aceptamos, así como actualizar la Constitución.
En cualquier caso, considero que hace buena falta un debate del pueblo, para el pueblo. Si no empezamos a tratar estos temas, dejaremos que los políticos vayan dos pasos por delante y se salgan con la suya, siendo que no les parece importar en absoluto las personas, sino tan solo los bancos y sus sueldos.
- Su gestión está provocando importantes altercados, protestas y manifestaciones, con algunos enfrentamientos por parte de sectores específicos con las fuerzas del orden. Peligra la paz social, hay heridos y, aunque para muchos la violencia todavía no supera unos límites tolerables, lo cierto es que la ira, la rabia y el odio siguen en aumento. Personas con fuertes valores pacíficos comienzan a cuestionarse si la paz puede ser camino para el cambio que requieren. No sabemos hasta dónde llegarán los conflictos, pero allá donde lleguen, si seguimos por este camino, tendrán peores consecunecias que las que tenemos hoy en día.
Si queremos mantener la paz social, comienza a consolidarse como una buena idea su dimisión.
- Sus acciones en el gobierno han contradicho en numerosas ocasiones su propio programa electoral. Éste sería un buen argumento para deslegitimar su gobierno, basándonos en que el programa electoral debe suponer un contrato social con el pueblo, quien elige al partido en función de qué acciones tomará en el gobierno. Sin embargo, en España existe una corriente de pensamiento que justifica cualquier acción que realice el gobierno, aún incluso cuando incumple su programa electoral. Esto se debe precisamente a un completo desinterés por el programa por parte del votante. ¿Cuántas personas votan a un partido sin conocer sus pretensiones en el gobierno? Solamente por ser quienes son, por algún eslogan o una cara bonita en los carteles electorales. Si a una persona no le importa el programa electoral de un partido, ¿cómo le va a importar que hagan justo lo contrario?
Sería interesante someter a referéndum el añadir a la Constitución algún artículo que pueda regular como pacto social el programa electoral de un partido, para comprobar si efectivamente los ciudadanos le damos más importancia al programa electoral que al partido.
- Si dimite Rajoy, ¿qué ocurre con los ministros? Viendo el apoyo que obtiene Rajoy de sus ministros, considero que la posición más razonable de cualquiera que pida la dimisión de Rajoy sería la de pedir la dimisión del gobierno por completo.
Pero si pedimos la dimisión del gobierno, ¿qué pasa después? Si el pueblo no piensa en qué hacer después, lo pensarán los políticos. Si lo hacen estos políticos, seguramente buscarán formas de seguir haciendo lo mismo, en esencia, aún incluso si tienen que ceder parcialmente a la presión del pueblo. Sería más seguro que naciera una nueva iniciativa del pueblo y para el pueblo.
¿Pero qué significa que nazca una iniciativa del pueblo?
Se me ocurren, principalmente, tres opciones. La primera es tomar ejemplo de Islandia, país donde tomaron diferentes decisiones y consiguieron levantar su economía, y someter a referéndum la aceptación de la deuda y/o una reforma constitucional, para tratar de impedir que las prácticas que nos llevaron a esta situación actual puedan repetirse.
La segunda es formar un nuevo partido político que recoja los valores y acciones que demanda el pueblo, de manera que se pueda ofrecer una alternativa política a aquellos que consideran que los problemas pueden solucionarse de otra manera, como recortando en lujos y excesos en lugar de sanidad y educación. Un ejemplo podría ser Torrelodones, pero en este caso estaríamos hablando de un partido para el gobierno central. Esta segunda opción es compatible con la primera, pudiendo ocurrir ambas o sólo una de ellas.
La tercera opción sería renunciar por completo al gobierno. Pedir su dimisión y desmantelación, dejar de contar con dicha institución y limitarnos a los gobiernos regionales y locales. Sin embargo, los gobiernos regionales y locales apoyan en gran medida las acciones realizadas por el gobierno, por lo que dejarlos intactos podría ser un error, si la dimisión del gobierno se pretende para lograr un cambio significativo. También haría falta desmantelar los gobiernos regionales y locales.
Personalmente opino que España no es un país preparado para aceptar la tercera opción, y que la que podría tener mayor probabilidad de éxito sería la segunda. También veo interesante replantear la deuda y si la aceptamos, así como actualizar la Constitución.
En cualquier caso, considero que hace buena falta un debate del pueblo, para el pueblo. Si no empezamos a tratar estos temas, dejaremos que los políticos vayan dos pasos por delante y se salgan con la suya, siendo que no les parece importar en absoluto las personas, sino tan solo los bancos y sus sueldos.
viernes, 13 de julio de 2012
¿Por qué hago este blog?
Siempre he sido un pensador, pero ahora que las circunstancias me premian con mucho tiempo libre puedo, además, comunicar.
Y no es que a nadie le importe, a nadie salvo a mí. Al menos por ahora, en el futuro ya veremos, pero basta el deseo personal de querer comunicar algo para buscar un medio por el cual hacerlo, aún incluso cuando no tengamos oyentes o lectores. Así que aquí estoy, de nuevo, para satisfacer mi deseo de comunicar ideas, planteamientos, valores... y ya veremos si surge algo de esta iniciativa o se perderá para siempre en el olvido.
Ilusión no tengo, si acaso desesperación, porque la causa de mi tiempo libre es un despido improcedente y mis posibilidades para conseguir otro trabajo son muy escasas, así que este blog servirá tambíen para recoger mi testimonio personal sobre cómo nos afecta a la gente normal esta situación que algunos se conforman con llamar crisis.
Y no es que a nadie le importe, a nadie salvo a mí. Al menos por ahora, en el futuro ya veremos, pero basta el deseo personal de querer comunicar algo para buscar un medio por el cual hacerlo, aún incluso cuando no tengamos oyentes o lectores. Así que aquí estoy, de nuevo, para satisfacer mi deseo de comunicar ideas, planteamientos, valores... y ya veremos si surge algo de esta iniciativa o se perderá para siempre en el olvido.
Ilusión no tengo, si acaso desesperación, porque la causa de mi tiempo libre es un despido improcedente y mis posibilidades para conseguir otro trabajo son muy escasas, así que este blog servirá tambíen para recoger mi testimonio personal sobre cómo nos afecta a la gente normal esta situación que algunos se conforman con llamar crisis.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)